
¡Que alegría el transporte público! Levantarte por la mañana tempranito y montarte en un autobús en el que son las 8 de la mañana, y ya huele a “humanidad”, enmascarada con los 4 litros de perfume de coco del Yves Rocher que se ha echado una niña que va al instituto, como quien va a pasarela Cibeles, pero apta para “merdellones”, como se dice aquí en Málaga a los chonis, canis, arrabaleros, etc…
Y ahí está él, el señor autobúsero, con su halitosis, típica de quién se toma el café de prisa y corriendo por la mañana y encima no se lava los dientes. El autobúsero lleva sentado en el mismo sitio 1 hora, sufriendo los atascos, las caras de los recién levantados, y aún le quedan otras 7 horas, sin poder ir al servicio, sin poder echarse ni una sola migaja a la boca y deseándole buenos días a los pasajeros. Son las 8:04 minutos y el autobusero empieza a notar la quemazón que despierta el síndrome del autobúsero, un señor ya lo ha reprendido por llegar tarde a la parada, una señora le ha dicho que a todas las personas mayores deberían de bajarle la rampa para minusválidos, dos niñas han intentado pagarle con billetes de 20 €, cuando hay un cartel que expresamente dice que no se admite cambio mayor de 5 €, y para colmo de los colmos un niñato empieza a tocar el claxon, cual poseso, para que el autobusero se de cuenta de que está parado “ en una parada” obstaculizando el tráfico ¿cómo creéis que termina este hombre su jornada?
El síndrome del autobúsero: "también podemos denominarlo como el síndrome del conductor quemado, se suele producir en conductores de autobuses urbanos, tras deleitarse continuamente con sus admirados atascos y con la sapiencia hacía la profesión de clientes amables".
Y ahí está él, el señor autobúsero, con su halitosis, típica de quién se toma el café de prisa y corriendo por la mañana y encima no se lava los dientes. El autobúsero lleva sentado en el mismo sitio 1 hora, sufriendo los atascos, las caras de los recién levantados, y aún le quedan otras 7 horas, sin poder ir al servicio, sin poder echarse ni una sola migaja a la boca y deseándole buenos días a los pasajeros. Son las 8:04 minutos y el autobusero empieza a notar la quemazón que despierta el síndrome del autobúsero, un señor ya lo ha reprendido por llegar tarde a la parada, una señora le ha dicho que a todas las personas mayores deberían de bajarle la rampa para minusválidos, dos niñas han intentado pagarle con billetes de 20 €, cuando hay un cartel que expresamente dice que no se admite cambio mayor de 5 €, y para colmo de los colmos un niñato empieza a tocar el claxon, cual poseso, para que el autobusero se de cuenta de que está parado “ en una parada” obstaculizando el tráfico ¿cómo creéis que termina este hombre su jornada?
El síndrome del autobúsero: "también podemos denominarlo como el síndrome del conductor quemado, se suele producir en conductores de autobuses urbanos, tras deleitarse continuamente con sus admirados atascos y con la sapiencia hacía la profesión de clientes amables".

